El Restaurante El Rodat y la crítica gastronómica
Seguimos con la excelente crítica gastronómica que recibió el restaurante gastronómico El Rodat, con el galardonado chef Iván Grau al frente de la cocina, de manos de Nacho Coterón (Presidente de El Sumiller), Enrique García (Director de catas y sumiller) y VCrown (fotógrafo).
Tal y como comentábamos en el anterior post, lo haremos en tres capítulos- cada uno de ellos desde un punto de vista particular- en éste se narra la visita desde el punto de vista de la fotografía, ¡esperamos que lo disfrutéis!
Recordad que podéis vivir vuestra propia experiencia gastronómica en cualquiera de nuestros dos restaurantes, ¡os esperamos en El Rodat!
Capítulo 2: “La Fotografía” por Enrique García Albelda
LA FOTOGRAFIA
Estoy llegando a El Rodat, en la costera Javea, para preparar una sesión de fotografía, esta vez la protagonista es la cocina, sus movimientos, sus ingredientes, sus interpretes. Mi contacto, Iván Grau, ultimo premio Platos 10, como Cocinero Revelación. Mi curiosidad se despertó al conocerle en la entrega de Premios, y me ofrecí a preparar con el un lícito “Ménage a Trois”, el, mi cámara, junto a su cocina y entorno. Tras una afirmativa respuesta, esta noche es la elegida para plasmar el hábitat de este joven cocinero.
Los antiguos indígenas creían que al tomar una fotografía, se les robaba el alma, y creo fervientemente, que no iban tan desencaminados, pues la meta de todo buen fotógrafo es robar el alma, el interior de todo aquello que plasmamos, nuestra pretensión es dotar de movimiento a aquello que lo tenia, para transmitirlo en el papel, captar la vida, los sentimientos, las esperanzas; la empatía de la fotografía debe ser completa, una traslación del momento, de su euforia o de su tristeza. A cambio, como el diablo, ofrecemos la vida eterna, a detener los daños de la vejez, a interrumpir el paso de los tiempos, a proclamarla universalmente. Sin duda, parece un buen trato, la juventud o la vejez eterna.
Todavía dispongo de buena luz, de esta claridad azul y mediterránea que se añora siempre que se viaja, y que damos por sentada cuando la tenemos frente a nosotros. Comenzaré por los jardines, sus flores, su paisajismo, esta claridad contemporánea de Iván y del Hotel El Rodat.
Al terminar, inicio un nuevo formato, el cocinero y su día a día, aprovecharemos que hoy les visitan unos críticos gastronómicos, para hacer una sesión “unplugged”, convirtiéndome en un francotirador dentro de la jaula de esta bella bestia llamada gastronomía. Desmenuzamos el producto, veo como sin piedad desollan un pez de aspecto bondadoso que llegó entre hielos, como si de un valioso trasplante en busca de un donante se tratara, y tal vez así sea. Las patatas, a las que como pervertidos despojan de sus vestiduras, exponiéndolas sobre la fría encimera; y yo mudo testigo, corresponsal de esta guerra culinaria, no paro de apuntar mi objetivo, encuadrar esas chalotas, que abiertas en canal, exponiendo sus rubores internos, me suplican piedad, y yo disparo, tratando de alcanzarle en el centro, de reflejar sus sudores de muerte, sus jugos internos. De vez en cuando desvió la negra mirada de mi instrumental tratando de vislumbrar un sentimiento de arrepentimiento en Iván o en Mohamed, pero estos impasibles, torturan ya a unas desvalidas zanahorias, vanagloriándose en triturarlas, al igual que unas mandarinas, que suplicantes, esperan su turno desde un cesto, que las acoge como en el Coliseo.
Como alquimistas, los veo afanosos, mezclando un poco de aquí, una pizca de allá, se diría que más que en busca de la piedra filosofal, andan en tratos de aquelarre, con morteros repletos de especias, que divulgan sus aromas por doquier. Y ahí estoy yo, callado testigo…que no mudo…pues todo cuanto aquí acontece queda reflejado en mí maquina.
Enrique García Albelda




